ein film zum spielen
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Publicación Cine quieto / Proyecto editorial, de difusión e investigación sobre la imagen cinematográfica

#1 Flora Con fotogramas de David Domingo, Stan Brakhage, Shiloh Cinquemani Rose Lowder, Steve Cossman, Charlotte Pryce, Ute Aurand, Jerome Hiler José Val del Omar, Nathaniel Dorsky, Claudio Caldini, Hannes Schüpbach

#1 Flora
Con fotogramas de David Domingo, Stan Brakhage, Shiloh Cinquemani Rose Lowder, Steve Cossman, Charlotte Pryce, Ute Aurand, Jerome Hiler José Val del Omar, Nathaniel Dorsky, Claudio Caldini y Hannes Schüpbach.

Cine quieto tiene su origen en la fascinación que nos producen los fotogramas de cine o film stills –no en el sentido de fotografías promocionales sino en el de frame enlargements o, usando terminología de Jonas Mekas, frozen frames– y en la voluntad de contribuir a dar a conocer una serie de obras experimentales o de artistas, centradas justamente no en los aspectos narrativos de la película sino eminentemente visuales.

Es habitual que nuestro primer contacto o conocimiento de una película se produzca a partir de la reproducción de una imagen de este tipo (en un libro, una revista, una web). Esta imagen funciona como una muestra o, mejor, como una cita. Este fotograma escogido representa la película, pero no es la película (la película sólo existe en movimiento), y tampoco es una simple fotografía. Nos interesa justamente este estatus híbrido o ambiguo, esta fuga de sentido donde la ruptura temporal da pie a nuevos mundos.

El fotograma ampliado funciona como un instante detenido. Esto nos permite examinar la imagen de forma imposible en una proyección (si detuviéramos la película en el proyector, la imagen ardería) o contemplando directamente el celuloide (su tamaño real es demasiado pequeño). El escaneado y la ampliación de un fragmento de película permite además ver aquello que el dispositivo cinematográfico absorbe y oculta en la proyección.

Cine quieto supone también la publicación periódica de un conjunto de imágenes en papel de diferentes películas y autores, vinculadas entre sí porque presentan un mismo motivo o gesto. De esta forma las imágenes no sólo pueden ser vistas sino también tocadas, coleccionadas, manipuladas, enviadas… La imagen vuelve a ser objeto. Cada edición se presenta como un programa de bolsillo, una selección de fragmentos que se disponen a ser releídos a través de una deriva editorial.